# Volvamos a la esencia
El pueblo abandonó a Dios, fuente de agua viva, y construyó cisternas rotas que no podían retener el agua.
Cuando nos alejamos de la fuente, perdemos aquello que sostiene nuestra vida espiritual.
¿Qué significa volver a la esencia?
Volver a la esencia significa recuperar nuestra comunión con Cristo, regresar a su Palabra, fortalecer nuestra vida de oración y depender del Espíritu Santo. Podemos tener actividades, recursos, organización y responsabilidades dentro de la iglesia, pero aun así perder el hambre por Dios. El verdadero desafío es examinar si nuestra fe sigue conectada a la fuente o si estamos viviendo solamente de emociones, costumbres y capacidades humanas.
1. Alejarse de la esencia produce grietas
Cuando descuidamos nuestros fundamentos espirituales, las dificultades terminan revelando aquello que las apariencias podían ocultar. Estas grietas pueden manifestarse en el matrimonio y la familia cuando Cristo deja de ocupar el centro, en el ministerio cuando nos preocupa más mantener una estructura que buscar a Dios, y en nuestro carácter cuando hablamos de santidad, pero descuidamos la obediencia y la intimidad con Él.
“Si fueren destruidos los fundamentos, ¿qué ha de hacer el justo?” — Salmo 11:3, RVR1960.
Necesitamos reconocer las áreas de nuestra vida que requieren restauración, volver a los fundamentos y permitir que Dios repare aquello que se ha debilitado.
2. Alejarse de la esencia es dejar a Dios sin lugar
La expresión “no había lugar”, presente en Lucas 2:7, nos invita a examinar nuestras prioridades. Podemos llenar nuestra agenda de compromisos e incluso servir activamente en la iglesia, mientras poco a poco desplazamos a Jesús del centro de nuestra vida.
La iglesia de Laodicea representa el peligro de la autosuficiencia: parecía tenerlo todo, pero necesitaba recuperar su comunión con Cristo.
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo”. — Apocalipsis 3:20, RVR1960.
El llamado es a reordenar nuestras prioridades, darle a Dios un espacio real cada día, reconocer su señorío y permitir que dirija nuestras decisiones. Cristo debe ser el primero en todo.
3. Alejarse de la esencia produce insensibilidad
Cuando nos acostumbramos al pecado y vivimos distanciados de Dios, nuestro corazón comienza a endurecerse. Disminuye el deseo de orar, el hambre por la Palabra y la reverencia por lo sagrado.
Es posible continuar asistiendo a la iglesia y sirviendo en un ministerio mientras nuestro corazón se distancia de Dios. Por eso necesitamos recuperar la sensibilidad espiritual, atender la corrección, arrepentirnos y animarnos mutuamente para no permitir que el corazón se endurezca.
4. Volver al aposento alto: depender del Espíritu Santo
Antes de enviar a sus discípulos, Jesús les pidió esperar la promesa del Padre. La misión que tenían por delante no podía realizarse únicamente con capacidades humanas; necesitaban el poder del Espíritu Santo.
Los discípulos perseveraron unidos en oración y, en Pentecostés, fueron llenos de su presencia. Pedro pasó del temor a anunciar públicamente el evangelio.
“Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego”. — Hechos 1:14, RVR1960.
Necesitamos recuperar tres características fundamentales:
- Poder: recibir la fortaleza del Espíritu Santo para testificar y manifestar una vida transformada.
- Profundidad: perseverar en la Palabra, la comunión, el partimiento del pan y las oraciones.
- Propagación: anunciar el evangelio y alcanzar a otros, llevando el mensaje de Cristo a nuevas personas.
5. Volver a los fundamentos: las cinco solas
Recordando la Reforma y a Martín Lutero, este mensaje nos invita a examinar nuestras prácticas y convicciones a la luz de las Escrituras. Las cinco solas representan fundamentos esenciales que deben orientar nuestra fe y devolver a Cristo el lugar central.
- Sola Scriptura — Solo la Escritura: la Palabra de Dios es nuestra autoridad; enseña, corrige e instruye nuestra vida.
- Sola Fide — Solo la fe: somos justificados por la fe; nuestra confianza está en Cristo y no en nuestros méritos u obras.
- Sola Gratia — Solo la gracia: la salvación es un regalo de Dios, recibido por medio de la fe y producto de su misericordia.
- Solus Christus — Solo Cristo: Jesucristo es el único Salvador y mediador entre Dios y los hombres, el centro y fundamento de nuestra salvación.
- Soli Deo Gloria — Solo a Dios la gloria: todo lo que somos, hacemos y alcanzamos debe glorificar a Dios.
Llamado final: Jesús, esta casa es tuya
El llamado de esta prédica es a volver a la Palabra, la oración, la santidad, la comunión y el hambre por Dios. Necesitamos abrirle espacio en nuestro corazón, matrimonio, familia, ministerio e iglesia, permitiendo que su presencia gobierne nuestras decisiones y nuestra vida diaria.
No podemos ser una iglesia que aprenda a funcionar sin Dios; debemos ser una iglesia que no pueda vivir sin su presencia.



